Vinopolis, la ciudad del vino, abrió sus puertas hace dos años en la renovada zona del South Bank londinense, a un paso de la catedral de Southwark y muy cerca de la nueva Tate Gallery y del recuperado teatro shakespeariano The Globe, todo ello (y mucho más) comprendido en la renovación de lo que ahora se llama Millennium Mile.
Desde allí, Vinopolis ofrece a los aficionados un recorrido por la historia del vino y las principales zonas vinícolas del mundo, complementado con cuatro mesas de catas, una buena tienda de vinos, un restaurante y variadas actividades paralelas. En total unos 10.000 metros cuadrados dedicados a la cultura y la historia del vino.
Vinopolis está situada en unas antiguas naves con enormes bóvedas de ladrillo que se usaban en épocas pasadas para el almacenamiento de vino y licores al lado del Támesis, cerca de la estación de metro de London Bridge a la que se llega en las líneas Jubilee y Northern. Restos de ánforas romanas encontradas en las cercanías y que ahora se exponen a la entrada, y un gran tapiz que refleja la gran importancia histórica de Londres en el comercio vinícola, sirven de justificación de la sede actual del centro, así como de recordatorio de la condición de Londres como capital mundial del vino durante siglos y en la actualidad.
En la sala de entrada se recogen unos cascos con un sencillo mando que serán los que nos guíen a través de Vinopolis apretando los números que encontraremos en las distintas salas y así oír las grabaciones realizadas sobre las mismas. También se pueden contemplar en esa primera sala un mapa de las viñas de Inglaterra, fotografías de famosos críticos británicos, muchos de ellos Masters of Wine, como Jancis Robinson, Michael Broadbent, etc., así como una vitrina con botellas vacías de varios de los más grandes vinos del mundo de los siglos XIX y XX, entre los que se encuentra un jerez de la añada de 1963 de González Byass como representación española.
Al lado de la sala de entrada están las tiendas de regalos y de vinos que se pueden visitar a la salida, y un restaurante de nueva cocina con acentos mediterráneos y una buena carta de vinos, llamado Cantina. También en su interior Vinopolis dispone de un bar, el Wine Wharf, en el que se puede tomar tapas, platos más ligeros y una interesante selección de vinos por copa y al que también se puede entrar desde la calle, sin necesidad de visitar el centro.
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