El Museo de Ciencias Naturales de Londres

El Museo de Ciencias Naturales de Londres abrió sus puertas al público en el año 1881 pero sus verdaderos orígenes se remontan a más de 250 años atrás. Todo comenzó cuando el coleccionista de curiosidades Sir Hans Slones cedió sus colecciones a la nación en 1753. A estas colecciones se añadieron otras más cedidas por el botánico Joseph Banks de su viaje realizado con el capitán James Cook. Sir Richard Owen sugirió al Gobierno que era necesario crear un nuevo museo de ciencias. El tenía como plan el exhibir especimenes típicos en grupos.

El lugar elegido fue ocupado previamente por el edificio internacional de la exposición, el cual fue descrito como el edifico más feo de Londres. La anécdota fue que el arquitecto Francis Fowke ganó la competición de diseño del edificio, Fowke murió repentinamente y el contrato fue cedido a un joven arquitecto que creó el hermoso edificio que hoy conocemos. La experiencia emocionante de este museo comienza nada más entrar, al ver el precioso hall presidido por el esqueleto de un enorme Diplodocus. El estilo clásico de la decoración nos lleva atrás en el tiempo y parece que vamos a cruzarnos con caballeros inglesess con bombin.

La gran sala central es nuestro punto de referencia para visitar las diferentes salas del museo, que se divide principalmente en cinco areas: Botánica, zoología, entomología (insectos), mineralogía y paleontología. De todas ellas la más famosa es la zona de paleontología, un recorrido muy ameno lleno de esqueletos de dinosaurio de las más diversas tallas y tipos. La visita a esta parte del museo termina en una sala en la que hay un gran tiranosaurio articulado que crea efectos bastante realistas. Los niños se quedan con los ojos como platos.

Del resto de zonas destaca la enorme colección de animales disecados que conforman la zona de zoología y entomología. Considerada una de las mayores colecciones del mundo de especimenes animales, destacan sobre todo aquellos que fueron donados por Darwin al museo. Impresionantes son tambien las salas dedicadas a los minerales, con colecciones espectaculares de piedras preciosas. Los aficionados a este tema no podrán despegarse de las vistosas vitrinas.

Mirar para arriba en el Pasillo Central del Museo es una maravilla. Es el corazón del lugar donde se ven los techos adornados con paneles con plantas de cada esquina del globo con colores dorados y bellos diseños, cada una con una historia que contar. Hablan de un área en la que diferentes tipos de plantas inundaron en Gran Bretaña, dando lugar a un gran interés por la botánica y horticultura.

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